Regína Caeli, laetáre, allelúia!; quia quem meruísti portáre, allelúia! Resurréxit, sicut dixit, allelúia!

sábado, 21 de abril de 2018

CONOCIENDO A MARÍA


Como imagen viajera (a lo largo del año la Virgen se desplaza a Pozoblanco y Villanueva y el resto del año permanece en el santuario), Nuestra Señora de Luna ha necesitado de andas para los traslados y romerías. Las más antiguas de que tenemos noticia datan de finales del siglo XVI y fueron doradas a principios del siglo XVII.

La fama y popularidad de Nuestra Señora de Luna está consignada desde hace siglos. Los pozoalbenses la invocaban con rogativas y la procesionaban en los momentos de necesidad o peligro, como cuando había falta de lluvias (“por los buenos temporales”) o en el caso de epidemias. Un informe sobre la villa firmado a finales del siglo XVIII por el vicario, Bartolomé Herruzo, afirma: “Dentro del Pueblo no hay Santuario e Imagen Célebre, pero sí en el término, a distancia de dos leguas entre Levante y Sur está uno erigido donde se da culto a la Imagen de María Santísima con la advocación de Luna, cuya aparición es antigua, y por su intercesión han logrado los naturales muchos beneficios de la Divina piedad”.

El ayuntamiento pozoalbense decidió en 1960 sustituir el nombre de la denominada hasta entonces calle del Cerro rotulándola con el de Virgen de Luna. Uno de los colegios de la ciudad lleva igualmente su nombre así como numerosas empresas.






miércoles, 18 de abril de 2018

ORACIÓN PIDIENDO A MARÍA EL DON DE AMARLA

¡Oh Santa Madre de Dios! ¡Dignaos protegernos y conservarnos bajo las alas de vuestra Piedad y vuestra Misericordia! 

¡Reina del paraíso y Madre del santo amor!, ya que eres la criatura más amable, la más amada de Dios, y quien más le ha amado, acepta que te ame también un pecador, el más ingrato y desdichado del mundo.

Viéndome, gracias a Ti, libre del infierno, y tan favorecido por Ti sin merecerlo, me he prendado de tu bondad, y en Ti he puesto toda mi esperanza.

¡Señora mía, te amo!, y quisiera amarte, más de lo que te han amado los santos de Ti más enamorados.

Quisiera, si en mí estuviese, hacer conocer a todos los que te ignoran, cuán digna eres de ser amada, para que todos te amasen y venerasen. Quisiera morir por tu amor, por defender tu virginidad, tu dignidad de Madre de Dios, tu Inmaculada Concepción, si por defender estos privilegios, fuera preciso dar la vida.

¡Amada Madre mía!, recibe mis afectos, y no permitas que un siervo que te ama, vaya a ser enemigo del Dios que tanto quieres. Así fui yo que ofendí a mi Señor. Pero entonces, María, no te amaba, y poco me importaba ser amado de Ti.

Pero ahora, nada deseo tanto, después de la gracia de Dios, que amarte y ser por Ti amado. Sé, mi Señora, la más agradecida y benigna, que no desdeñas amar a quien te ama, a la vez que no te dejas ganar en el amor.

Quiero amarte en el paraíso. Allí, a tu lado, conoceré de veras, cuán amable eres, y cuánto has hecho por salvarme; por eso te amaré con más fervor, y mi amor será eterno, sin temor de dejar nunca de quererte.

María, yo confío salvarme por tu medio. Ruega a Jesús por mí. Yo nada más anhelo, Tú eres mi esperanza. Por eso te cantaré siempre: “María, esperanza mía, tú me tienes que salvar”.

"Las Glorias de María"
San Alfonso María de Ligorio



sábado, 14 de abril de 2018

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA


María deleita con su canto a un monje

Toda mi dicha la espero de Ti, Señora, Tú me has de obtener el perdón de todos mis pecados; Tú, la perseverancia; Tú me has de asistir en la hora de la muerte; Tú me has de librar del purgatorio; Tú, en fin, me has de conducir al paraíso

Narra Cesáreo que un monje cisterciense, muy devoto de la Madre de Dios, tenía un deseo muy grande de ver a su amada Señora, y se lo estaba pidiendo constantemente. Una noche, en el jardín, mientras contemplaba el firmamento y dirigía encendidos suspiros a su Reina por el deseo de verla, de pronto vio venir del cielo una virgen bella y nimbada de luz que le dijo: “Tomás ¿quieres oír mi canto?” “Claro que sí”, le respondió. Entonces la virgen cantó con tanta dulzura que el religioso se sentía transportado al paraíso. Terminado el canto, desapareció dejándolo con grandes deseos de saber quién se le había aparecido. Y de pronto siente que se le aparece otra virgen más bella todavía que también le hizo oír su canto. No pudiendo contenerse, le preguntó quién era, y la virgen le respondió: “La que viste primero, es Catalina, y yo soy Inés; las dos mártires de Jesucristo, y hemos sido mandadas por nuestra Señora para consolarte”. Y dicho esto, desapareció. Con todo esto, el religioso quedó con más esperanzas de ver finalmente a su Reina. No se equivocó, pues poco después vio un gran resplandor y que el corazón se le inundaba de no conocida alegría, y he aquí que, en medio de aquella luz, ve a la Madre de Dios circundada de ángeles, con una belleza incomparablemente superior a la de las santas anteriores. Ella le dijo: “Querido siervo e hijo mío, yo te agradezco la devoción que me tienes; y quiero hacerte oír mi canto”. Y la Virgen inició una tan bella melodía que el devoto religioso perdió el sentido cayendo rostro en tierra. Tocaron a maitines, se reunieron los monjes, y no viendo a Tomás, fueron a buscarlo a la celda y otros lugares, y al fin lo encontraron en el jardín, desmayado. El abad le mandó por obediencia que declarara qué le había sucedido; y el religioso, vuelto en sí a la voz de la obediencia, contó todos los favores que le había hecho la Madre de Dios.

"Las Glorias de María"
San Alfonso María de Ligorio




miércoles, 11 de abril de 2018

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

¡Oh Clementísima Reina! Dignaos socorrernos sin mirar la multitud de nuestros pecados

¡Oh Santísima Madre de Dios! Socorred a los que imploran vuestra asistencia; dirigid sobre nosotros vuestras miradas. Vos conocéis los peligros que rodean a vuestros siervos y el miserable estado a que nos hallamos reducidos: pero vuestra gran misericordia no perderá de vista nuestra miseria, porque nosotros os amamos y nos acogemos a vuestra protección. Dignaos sernos propicia para que lleguemos a veros en el cielo, que es la mayor dicha a que aspiramos después de la de ver a Dios vuestro Hijo. Amén.

San Proclo, Patriarca de Constantinopla




domingo, 1 de abril de 2018

CORONA DE LAS DOCE ESTRELLAS

¡Sea alabado el Divino Padre que la predestinó para Madre de su Divino Hijo!

Alabemos y demos gracias a la Santísima Trinidad, que nos ha mostrado a María vestida del sol, con la luna bajo sus pies y con una misteriosa Corona  de Doce Estrellas en su Cabeza.
R. Por los siglos de los siglos. Amén

Alabemos y demos gracias al Divino Padre, que la eligió por Hija suya.
R. Amén. Padrenuestro.

Sea alabado el Divino Padre que la predestinó para Madre de su Divino Hijo.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Divino Padre que la preservó de toda culpa, en su Concepción.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Divino Padre, que la adornó de los mayores dones en su Natividad.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Divino Padre, que le dio por compañero y esposo Purísimo a San José.
R. Amén. Avemaría. Gloria Patri.

Alabemos y demos gracias al Divino Hijo, que la eligió por Madre.
R. Amén. Padrenuestro.

Sea alabado el Divino Hijo, que se encarnó en su seno y estuvo en él nueve meses.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Divino Hijo, que de Ella nació y se alimentó con su leche.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Divino Hijo, que en su niñez quiso ser por Ella educado.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Divino Hijo, que le reveló los misterios de la Redención del mundo.
R. Amén. Avemaría. Gloría Patri.

Alabemos y demos gracias al Espíritu Santo, que la recibió por Esposa.
R. Amén. Padrenuestro.

Sea alabado el Espíritu Santo, que a Ella reveló por vez primera su nombre de Espíritu Santo.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Espíritu Santo, por obra del cual fue, a la vez, Virgen y Madre.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Espíritu Santo, por virtud del cual fue Templo vivo de la Santísima Trinidad.
R. Amén. Avemaría.

Sea alabado el Espíritu Santo, por el cual fue ensalzada, en el cielo, sobre todas las criaturas.
R. Amén. Avemaría. Gloria Patri.

San José de Calasanz

Indulgencia de tres años.
Indulgencia plenaria, en las condiciones de costumbre, si se repite, durante un mes entero, todos los días. (S.C. de Indulg., 8 de ener. 1838 y 17 agost. 1898; Pío IX, Audiencia, 17 mar. 1856; S. Pen. Ap., 28 mar. 1934 y 12 jun. 1949) 



sábado, 31 de marzo de 2018

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (Meditaciones para cada día de la semana para acompañar y desagraviar Su Inmaculado Corazón)


El Rosario de los Siete Dolores

SÁBADO

Acto de Contrición

V.- ¡Oh Dios ven en mi auxilio!
R.- Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre…

Séptimo Dolor de María Santísima
La sepultura de Jesús

Ésta es la última espada de dolor que vamos a considerar. Cuando María, después de haber asistido a la muerte de su Hijo en la Cruz, después de haberlo abrazado ya muerto, debía finalmente dejarlo en el sepulcro.

MEDITACIÓN

A fin de considerar mejor este último misterio de dolor, volvamos al Calvario para contemplar a la afligida Madre que aún tiene abrazado a su Hijo muerto. Los santos discípulos, temiendo que la Virgen muriese allí de dolor, se apresuraron a quitarle de su regazo al Hijo muerto para darle sepultura. Por lo cual, con reverente violencia se lo quitaron de los brazos, y, embalsamándolo con aromas, lo envolvieron en la sábana ya preparada. Lo llevan al sepulcro en fúnebre cortejo; la Madre Dolorosa sigue al Hijo camino a la sepultura. Al rodar la piedra para cerrar el sepulcro los angustiados discípulos del Salvador, debieron dirigirse a la Virgen para decirle: “Señora, hay que rodar la piedra, resígnate, míralo por última vez y despídete de tu Hijo” Por fin ruedan la piedra y queda encerrado en el Santo Sepulcro el Cuerpo de Jesús, aquel gran tesoro, que no lo hay mayor ni en el Cielo ni en la tierra. María deja sepultado su Corazón en el sepulcro con Jesús, porque Jesús es todo su tesoro: “Donde está tu tesoro está tu corazón” (Lc. 12, 34)

Y con esto, dando el último adiós al Hijo y al sepulcro, se marchó y volvió a su casa. Andaba María tan triste y afligida, que, según San Bernardo: “provocaba las lágrimas de muchos”, de modo que por donde pasaba, los que la veían no podían contener el llanto, y agrega San Bernardo que los santos discípulos y mujeres que la acompañaban, lloraban aún más por Ella que por su Señor.

Padrenuestro… Siete Avemarías…

Versículo: ¡Oh María, Madre mía!, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

Dios te salve, Reina…

OREMOS

¡Oh Dios!, en cuya Pasión, de acuerdo con la Profecía de Simeón, una espada de dolor traspasó el Alma Dulcísima de María, Virgen y Madre gloriosa; conceded a nosotros que conmemoramos y reverenciamos vuestros dolores, sintamos el bendito efecto de Vuestra Pasión, Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con tres Avemarías en honor de las lágrimas derramadas por Nuestra Señora en sus Dolores.

Extractos de textos de “Las Glorias
de María” de San Alfonso Mª de Ligorio



viernes, 30 de marzo de 2018

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (Meditaciones para cada día de la semana para acompañar y desagraviar Su Inmaculado Corazón)


El Rosario de los Siete Dolores

VIERNES

Acto de Contrición

V.- ¡Oh Dios ven en mi auxilio!
R.- Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre…

Sexto Dolor de María Santísima
La lanzada que traspasó el Corazón de Jesús y su descendimiento de la Cruz

¡Oh María!, En este día vas a ser herida con una nueva espada de dolor al ver traspasar con una espada cruel el costado de tu mismo Hijo ya muerto, y después tendrás que recogerlo entre tus brazos al ser bajado de la Cruz. Esto es lo que vamos a considerar en el sexto Dolor que afligió el Corazón de esta pobre Madre.

MEDITACIÓN


Basta decirle a una madre que ha muerto su hijo para revivir en ella todo el amor hacia el hijo perdido. “Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Jn. 19, 34) Dice el devoto Lanspergio: “Compartió Cristo con su Madre el sufrimiento de esta herida. De modo que él recibió el ultraje y María el dolor” Fueron tantos y tales los sufrimientos de María, que no murió sólo por milagro de Dios. En los demás dolores tenía al menos a su Hijo que la compadecía, pero en éste no tenía al Hijo que la pudiera consolar. He aquí que ya bajan a Jesús de la Cruz y la afligida Madre, extendiendo los brazos, va al encuentro de su amado Hijo, lo abraza y después se sienta al pie de la Cruz. Su Hijo murió por los hombres, pero ellos continúan persiguiéndole y crucificándole con sus pecados. Tomemos la resolución de no atormentar más a esta Madre Dolorosa, y si en lo pasado la hemos afligido con nuestros pecados, hagamos ahora lo que Ella nos pide.

Padrenuestro… Siete Avemarías…

Versículo: ¡Oh María, Madre mía!, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

Dios te salve, Reina…

OREMOS

¡Oh Dios!, en cuya Pasión, de acuerdo con la Profecía de Simeón, una espada de dolor traspasó el Alma Dulcísima de María, Virgen y Madre gloriosa; conceded a nosotros que conmemoramos y reverenciamos vuestros dolores, sintamos el bendito efecto de Vuestra Pasión, Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con tres Avemarías en honor de las lágrimas derramadas por Nuestra Señora en sus Dolores.

Extractos de textos de “Las Glorias
de María” de San Alfonso Mª de Ligorio


jueves, 29 de marzo de 2018

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (Meditaciones para cada día de la semana para acompañar y desagraviar Su Inmaculado Corazón)


El Rosario de los Siete Dolores

JUEVES

Acto de Contrición

V.- ¡Oh Dios ven en mi auxilio!
R.- Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre…

Quinto Dolor de María Santísima
La muerte de Jesús

“Estaba junto a la Cruz de Jesús su Madre” (Jn. 19, 25) No se le ocurre a San Juan decir otra cosa para ponderar el martirio de María: Contémplala junto a la Cruz a la vista de su Hijo moribundo y después dirás si hay dolor semejante a su dolor. Detengámonos también nosotros hoy en el Calvario a considerar esta quinta espada que traspasó el Corazón de María: La Muerte de Jesús.

MEDITACIÓN

Apenas llegado al Calvario el Redentor, rendido de fatiga, los verdugos lo despojaron de sus vestiduras y clavaron en la Cruz sus sagradas manos y sus pies. Una vez crucificado levantaron en alto la Cruz, y así lo dejaron hasta que muriera. Lo abandonaron los verdugos, pero no lo abandonó su Madre. Entonces se acercó más a la Cruz para asistir a su muerte. Así lo dijo la Santísima Virgen a Santa Brígida: “Yo no me separaba de Él, y me aproximé más a su Cruz”

¡Oh verdadera Madre, Madre llena de amor!, a la que ni siquiera el espanto de la muerte pudo separar del Hijo amado. Pero, ¡oh Señor!, ¡qué espectáculo tan doloroso era ver a este Hijo agonizando sobre la Cruz, y ver agonizar a esta Madre al pie de la Cruz, que sufría todas las penas que padecía su Hijo! Todos estos sufrimientos de Jesús, eran a la vez sufrimientos de María. “Cuantas eran las llagas en el cuerpo de Cristo –dice San Jerónimo- otras tantas eran las llagas en el Corazón de María” “El que entonces se hubiera encontrado en el Calvario –dice San Juan Crisóstomo- habría encontrado dos altares donde se consumaban dos grandes sacrificios: Uno en el cuerpo de Jesús, y otro en el Corazón de María”. 

Padrenuestro… Siete Avemarías…

Versículo: ¡Oh María, Madre mía!, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

Dios te salve, Reina…

OREMOS

¡Oh Dios!, en cuya Pasión, de acuerdo con la Profecía de Simeón, una espada de dolor traspasó el Alma Dulcísima de María, Virgen y Madre gloriosa; conceded a nosotros que conmemoramos y reverenciamos vuestros dolores, sintamos el bendito efecto de Vuestra Pasión, Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con tres Avemarías en honor de las lágrimas derramadas por Nuestra Señora en sus Dolores.

Extractos de textos de “Las Glorias
de María” de San Alfonso Mª de Ligorio



miércoles, 28 de marzo de 2018

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (Meditaciones para cada día de la semana para acompañar y desagraviar Su Inmaculado Corazón)



El Rosario de los Siete Dolores

MIÉRCOLES

Acto de Contrición

V.- ¡Oh Dios ven en mi auxilio!
R.- Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre…

Cuarto Dolor de María Santísima
El encuentro con Jesús en el camino al Calvario

Cuánto más tiernamente lo amó, tanto mayor dolor sintió al verlo sufrir, especialmente cuando lo encontró, ya condenado a muerte, cuando iba con la Cruz al lugar del suplicio. Ésta es la cuarta espada de dolor, que vamos a considerar.

MEDITACIÓN

“¡Oh Madre Dolorosa!”, le diría San Juan “Tu hijo ya ha sido sentenciado a muerte y ya ha salido llevando Él mismo la Cruz camino del Calvario. Ven, si quieres verlo y darle el último adiós en al camino por donde ha de pasar” Parte María con Juan. Esperó en aquel lugar ¡y cuántos escarnios tuvo que oís de los judíos –que ya la conocían- dirigidos contra su Hijo, y, tal vez, contra Ella misma! Qué exceso de dolor fue para Ella ver los clavos, los martillos y los cordeles que llevaban delante los verdugos y todos los horribles instrumentos para matar a su Hijo. Pero ahora los instrumentos de ejecución, los verdugos, todos han pasado. María levanta sus ojos. Y ¿qué ve? ¡Oh Señor! Ve a un joven cubierto de sangre y heridas de pies a cabeza, con una corona de espinas, con una pesada Cruz sobre sus espaldas. Miró a Él pero escasamente lo reconoció. Las heridas, las moraduras y la sangre coagulada le hacían semejante a un leproso, estaba desconocido. El Hijo, apartándose de los ojos un grumo de sangre que le impedía la visión –como le fue revelado a San Brígida- miró a la Madre, y la Madre miró al Hijo. Sus miradas llenas de dolor fueron como otras tantas flechas que traspasaron aquellas almas enamoradas. Pero pensar que ver morir a Jesús le ha de costar un dolor tan acerbo, la amante María no quiere dejarlo. La Madre lleva su Cruz y le sigue para ser crucificada con Él. Tengamos compasión de Ella y procuremos acompañar a su Hijo y a Ella también nosotros, llevando con paciencia la cruz que nos manda el Señor.

Padrenuestro… Siete Avemarías…

Versículo: ¡Oh María, Madre mía!, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

Dios te salve, Reina…

OREMOS

¡Oh Dios!, en cuya Pasión, de acuerdo con la Profecía de Simeón, una espada de dolor traspasó el Alma Dulcísima de María, Virgen y Madre gloriosa; conceded a nosotros que conmemoramos y reverenciamos vuestros dolores, sintamos el bendito efecto de Vuestra Pasión, Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con tres Avemarías en honor de las lágrimas derramadas por Nuestra Señora en sus Dolores.

Extractos de textos de “Las Glorias
de María” de San Alfonso Mª de Ligorio



martes, 27 de marzo de 2018

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (Meditaciones para cada día de la semana para acompañar y desagraviar Su Inmaculado Corazón)


El Rosario de los Siete Dolores

MARTES


Acto de Contrición

V.- ¡Oh Dios ven en mi auxilio!
R.- Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre…

Tercer Dolor de María Santísima
El Niño Jesús perdido

Entre los mayores sufrimientos que la Madre de Dios padeció en su vida, está este dolor: La pérdida de su Hijo, que se quedó en el Templo de Jerusalén. Acostumbrada a gozar de la dulcísima presencia de su Jesús, se vio por tres días privada de Él.

MEDITACIÓN

Qué ansiedad tuvo que experimentar esta afligida Madre durante aquellos tres días en los que anduvo por todos lados preguntando por su Hijo, como la Esposa de los Cantares: “¿Acaso habéis visto al que ama mi alma?” (Cant. 3, 3) Este tercer dolor de María primeramente debe servir de consuelo a quienes están desolados y no gozan de la presencia de su Señor, que en otro tiempo sintieron. Lloren, sí, pero con paz, como lloraba María la pérdida de su Hijo. Y el que quiera encontrar al Señor sepa que debe buscarlo, no entre las delicias y los placeres del mundo, sino entre las cruces y las mortificaciones, como lo buscó María. “Tu padre y yo te hemos buscado llenos de aflicción” (Lc. 2, 48) dijo Ella a su Hijo. Debemos aprender de María a buscar a Jesús. Por lo demás es el único bien que debemos buscar: Jesús. Dice San Agustín, hablando de Job: “Perdió lo que le había dado Dios, pero tenía a Dios” Si María lloró tres días la pérdida de su Hijo, con cuánta más razón deben llorar los pecadores que han perdido la gracia de Dios y a los que el Señor les dice: “Vosotros no sois mi pueblo y yo no soy para vosotros vuestro Dios” (Os. 1, 9) Porque esto es lo que hace el pecado, separa el alma de Dios: “Vuestras culpas os separaron a vosotros de vuestro Dios” (Is. 59, 2) Por lo cual, aunque un pecador sea muy rico habiendo perdido a Dios, todo lo de la tierra no es más que humo y sufrimiento, como lo confesó Salomón: “Todo es vanidad y aflicción del Espíritu” (Eclo. 1, 14)

Padrenuestro… Siete Avemarías…

Versículo: ¡Oh María, Madre mía!, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

Dios te salve, Reina…

OREMOS

¡Oh Dios!, en cuya Pasión, de acuerdo con la Profecía de Simeón, una espada de dolor traspasó el Alma Dulcísima de María, Virgen y Madre gloriosa; conceded a nosotros que conmemoramos y reverenciamos vuestros dolores, sintamos el bendito efecto de Vuestra Pasión, Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con tres Avemarías en honor de las lágrimas derramadas por Nuestra Señora en sus Dolores.

Extractos de textos de “Las Glorias
de María” de San Alfonso Mª de Ligorio



lunes, 26 de marzo de 2018

DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA (Meditaciones para cada día de la semana para acompañar y desagraviar Su Inmaculado Corazón)


El Rosario de los Siete Dolores

LUNES

Acto de Contrición

V.- ¡Oh Dios ven en mi auxilio!
R.- Señor, apresúrate a socorrerme
Gloria al Padre…

Segundo Dolor de María Santísima
La huida a Egipto

Pasemos a considerar la segunda espada de dolor que hirió a María Santísima en la huida a Egipto que tuvo que emprender con su Hijo, el infante Jesús, por la persecución de Herodes.

MEDITACIÓN

Cuando oyó Herodes que había nacido el Mesías esperado, temió neciamente que le iba a arrebatar su reino. Esperaba el impío que los Reyes Magos le trajeran noticias de donde había nacido el Niño Rey a fin de quitarle la vida, pero al verse burlado por ello, ordenó la matanza de todos los niños de Belén. Por eso el Ángel se apareció en sueños a San José y le mandó: “Levántate, toma el Niño y a su Madre, y huye a Egipto” (Mt. 2, 13) Y entonces comprendió la afligida María que ya comenzaba a realizarse en su Hijo la profecía de Simeón, viendo que, apenas nacido, era perseguido a muerte. Qué sufrimiento el del Corazón de María oír que se le intimaba la orden de ir con su Hijo a tan duro destierro. Es fácil imaginar lo mucho que María sufrió en este viaje. Era grande la distancia hasta Egipto, trescientas millas requerían un viaje de treinta días. El camino era escabroso, desconocido y poco frecuentado, el clima desapacible. María era doncella, joven y delicada, no acostumbrada a semejantes viajes. ¿Dónde pernoctarían durante tan largo viaje con doscientas millas de desierto, sino sobre la arena? Vivieron en Egipto siete años. Eran forasteros desconocidos, sin rentas, sin dinero, sin parientes. Apenas podían sustentarse con sus modestos trabajos hechos a mano. Opina Landolfo de Sajonia (y sirva esto para consuelo de los pobres), que María vivía allí tan en la pobreza que alguna vez pasaron hambre sin tener ni un bocado de pan que darle a su Hijo. Ver a Jesús y María con San José andar por el mundo como errantes y fugitivos nos debe mover a vivir también en la tierra como peregrinos, sin apegarnos a los bienes que el mundo ofrece, como quienes pronto lo tendremos que dejar todo y pasar a la vida eterna. Nos enseña además a abrazar la cruz, pues no se puede vivir en este mundo sin cruces. Amemos y consolemos a María acogiendo dentro de nuestros corazones a su Hijo, que todavía es perseguido y maltratado por los hombres con sus pecados.

Padrenuestro… Siete Avemarías…

Versículo: ¡Oh María, Madre mía!, dadme de vuestro dolor, para haceros compañía en la muerte de mi Dios.

Dios te salve, Reina…

OREMOS

¡Oh Dios!, en cuya Pasión, de acuerdo con la Profecía de Simeón, una espada de dolor traspasó el Alma Dulcísima de María, Virgen y Madre gloriosa; conceded a nosotros que conmemoramos y reverenciamos vuestros dolores, sintamos el bendito efecto de Vuestra Pasión, Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

Se concluye con tres Avemarías en honor de las lágrimas derramadas por Nuestra Señora en sus Dolores.

Extractos de textos de “Las Glorias
de María” de San Alfonso Mª de Ligorio