O quam tristis et afflicta fuit illa benedicta Mater Unigeniti. Quae maerebat et dolebat et tremebat, cum videbat nati poenas incliti

jueves, 22 de febrero de 2018

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

¡Oh Santísima Virgen! Socorrednos con vuestras súplicas a Dios, porque vuestras súplicas son para nosotros más preciosas y más eficaces que todos los tesoros del mundo


¡Oh gloriosísima Virgen! ¡Dignaos hacer que mi corazón se abrase siempre en vuestro amor y que mi alma sea siempre vuestra! ¡Tierna y divina Madre mía! Concededme, ya que tanto es vuestro poder para con Dios, que os ame como merecéis ser amada. Jesucristo, vuestro adorable Hijo, que ha amado a los hombres hasta morir por ellos en la Cruz, no podrá negarme esta gracia que tanto interesa a su gloria y que yo le suplico me conceda por vuestra intercesión. Haced ¡oh María! que solo viva de vuestro amor después del de mi Dios, para que un día pueda ser consumido en él y vaya a vivir eternamente en la mansión de los bienaventurados. Amén.

San Anselmo



lunes, 12 de febrero de 2018

EL AMOR DE MARÍA

Igualmente –comenta San Buenaventura- puede decirse que María amó tanto al mundo que le dio su Unigénito para que todos posean la vida eterna

Desde el momento en que fue constituida Madre del Salvador, nos amó tanto María Santísima –dice San Bernardino de Sena- y se entregó con tanta generosidad a procurarnos nuestra salvación, que “desde entonces nos llevó en su seno como amorosísima madre”. Pero lo mismo que la obra redentora de Jesús, comenzada en la Encarnación, se consumó en el Calvario, donde nos mereció con su muerte la gracia, así la maternidad de María en orden a nosotros, había de cumplirse y consumarse al pie de la Cruz. Mientras Jesús muere entre los más crueles tormentos, su amorosísimo Corazón nos preparaba el regalo más precioso que podía hacernos. La cosa más querida que Jesús poseía sobre esta tierra era su Madre; pues fue, precisamente, su dulce Madre lo que Jesús nos dejó como herencia preciosísima: “He aquí a tu Madre” (Jn. 19, 27) dijo a Juan: y al entregar su Madre al apóstol San Juan, que en aquel momento representaba a la humanidad entera, las palabras de Jesús eran expresión solemne de aquella realidad inmensa que se había iniciado en el primer instante de su Encarnación en el seno de la Virgen y que ahora se cumplía y se completaba allí, bajo la Cruz: la maternidad espiritual de María sobre nosotros. Fue en aquel preciso instante cuando la Virgen, juntamente con Jesús, salvaba nuestras almas al ofrecer por ellas la Víctima Divina, que era suya, porque era su Hijo. Con aquella oblación María nos consiguió la vida de la gracia; María es por lo tanto verdaderamente la mujer que nos da la vida en el orden sobrenatural: es nuestra Madre.


“Tanto amó Dios al mundo, que le dio su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn. 3, 16), dice el Evangelista. Igualmente –comenta San Buenaventura- puede decirse que María amó tanto al mundo que le dio su Unigénito para que todos posean la vida eterna. A este precio, entregando su Hijo, la Virgen ha llegado a ser Madre nuestra, y nosotros hijos suyos. Con razón Ella que nos ha engendrado a tan caro precio, quiere que vivamos como verdaderos hijos suyos, dignos de la vida de la gracia, brotada del pecho desgarrado de su Jesús y de su corazón de Madre, traspasado por la espada del dolor. 



miércoles, 7 de febrero de 2018

CONOCIENDO A MARÍA

SANTÍSIMA VIRGEN DE GÁDOR, BERJA (ALMERIA)

En el otoño de 1588, dos ermitaños de remota procedencia, Domingo de San Juan y Juan de Santa María, fundan un santuario sobre las ruinas de una pequeña iglesia existente en el despoblado paraje de Pixnela, al pie de la sierra de Gádor. En ella depositan una “figura de talla de Nuestra Señora con sus vestiduras de altura de poco más de media vara de alto”, a la cual dan el nombre de Nuestra Señora de Gádor.

Cuatro años después, los ermitaños abandonan la villa para entrar en una orden religiosa, cediendo la ermita y la imagen al pueblo de Berja, que la convierte en su patrona. Un patronazgo en el que acompaña a la Virgen San Tesifón, uno de los siete varones apostólicos del s. I, discípulos de Santiago apóstol, que España, el que según es tradición en Berja, apostoló en el lugar siendo su obispo. Que la zona registró una tempranísima cristianización lo atestigua, desde luego, el magnífico sarcófago paleo-cristiano del s. IV encontrado en la barriada de Alcaudique (Berja) en 1925, que puede Vd. admirar en ese gran museo que no me canso de aconsejar que es el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Ermita de la Virgen de Gádor
La preciosa imagen de la Virgen tiene toda una historia: ataviada con un rostrillo de oro, de tez tirando a morena, con una expresión solemne y mayestática y las manos abiertas, sujetando el cetro en la derecha, y a un Niño totalmente tallado y policromado con la izquierda, de su autor y procedencia nada se sabe. Sí, en cambio, que como tantas otras magníficas imágenes españolas, fue destruida durante la Guerra Civil, cosa que aconteció al anochecer del día 29 de julio de 1936.

No estuvo mucho tiempo Berja sin su Virgen, pues el 23 de septiembre de 1939, apenas terminada la contienda, el escultor granadino Eduardo Espinosa Cuadros la rehacía con gran parecido a la original, algo que supervisó muy de cerca el canónigo magistral de Granada, Francisco González López, y costeó Soledad González Vázquez. A la imagen se le incorporó un Niño Jesús antiguo, coetáneo del original. La obra de orfebrería se realizó en plata donada por los vecinos en forma de cubiertos y pequeños enseres, e imitan con gran exactitud las existentes antes de la destrucción durante la guerra. A ella se incorporan los mismos cinco ramos de laurel plateados que tenía, cuyo hallazgo se debe al joven Francisco Sánchez Garrido, el cual, terminada la guerra, en las inmediaciones de la acequia del “Molino de Papel”, al pie del cerro Montivel en Alcaudique, vio brillar algo, descubriendo que se trataba de los susodichos ramos de plata que alguno de los asaltantes del santuario habría guardado y de los que al terminar la guerra, prefirió deshacerse por motivos que huelga comentar.

Berja celebra sus fiestas patronales en honor a la Virgen de Gádor, con subida y bajada de la imagen desde el santuario de su nombre hasta la iglesia de la Anunciación, dos veces al año: la primera, el segundo domingo de Cuaresma; la segunda, en la primera quincena de septiembre. La tradición original es la primera, que se observa en Berja desde 1651, fruto del voto perpetuo hecho por el cabildo de la villa en rogativa por la tremenda sequía que la azotaba. La de septiembre surge del traslado de los actos lúdicos de marzo a la onomástica de la Virgen. Los cultos realizados durante sus bajadas producen a quienes visiten la iglesia de la Anunciación la Indulgencia Plenaria que otorgara el 20 de diciembre de 1870 el Papa Pío IX.

Desde 1993, Nuestra Señora de Gádor procesiona en marzo acompañada de su copatrono San Tesifón. Esta fusión de cultos tiene precedentes en el s. XVIII, cuando llegaron incluso a unirse sus cofradías, la de la Hermandad de Nuestra Señora de Gádor, que data del mismo acto de donación de los ermitaños a la ciudad, y la Hermandad de San Tesifón.

En cuanto a la iglesia de la Anunciación a la que procesiona la Virgen, ha ido creciendo desde el templo original levantado sobre una mezquita, hasta el excepcional ejemplo de neoclásico con planta basilical y tres naves que es el actual, construido tras el terremoto de 1804, al amparo de la bonanza económica que aportó a la zona la minería.


sábado, 27 de enero de 2018

MEDITACIONES DEL SANTO ROSARIO - MISTERIOS GLORIOSOS (Audios)

Quiero que todos los devotos de mi Rosario tengan en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados

Promesas de la Santísima Virgen,
para quienes recen el Santo Rosario

La Resurrección del Señor, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La Ascensión del Señor a los Cielos, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La Venida del Espíritu Santo, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La Asunción de la Virgen a los Cielos, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La Coronación de María Santísima,
      como Reina de cielos y tierra, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ


Letanías Lauretanas, AQUÍ




viernes, 26 de enero de 2018

MEDITACIONES DEL SANTO ROSARIO - MISTERIOS DOLOROSOS (Audios)

Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia

Promesas de la Santísima Virgen,
para quienes recen el Santo Rosario

La agonía de Jesús en Getsemaní, AQUÍ
      Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La flagelación del Señor, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La coronación de espinas del Señor, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

El Señor con la Cruz a cuestas, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La Crucifixión y muerte del Señor, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ



jueves, 25 de enero de 2018

MEDITACIONES DEL SANTO ROSARIO - MISTERIOS GOZOSOS (Audios)

El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!

Promesas de la Santísima Virgen,
para quienes recen el Santo Rosario

La Encarnación del Hijo de Dios, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ 

La Visitación de la Santísima Virgen a su prima, AQUÍ 
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La presentación de Jesús en el Templo, AQUÍ
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ

La pérdida de Jesús y hallado en el Templo, AQUÍ 
     Meditación para las diez Avemarías, AQUÍ 


sábado, 20 de enero de 2018

ORACIÓN DE CONFIANZA EN MARÍA

Merezco, lo sé, que me deseches, pero te ruego que contemples lo que ha hecho y padecido tu Hijo por mí

¡Reina mía Soberana, digna de mi Dios, María! Al verme tan vil y cargados de pecados, no debiera atreverme a acudir a Ti y llamarte madre.

Merezco, lo sé, que me deseches, pero te ruego que contemples lo que ha hecho y padecido tu Hijo por mí; y después me deseches si puedes.

Soy un pecador que, más que otros, ha despreciado la Divina Majestad; pero el mal está hecho.

A Ti acudo que me puedes auxiliar; ayúdame, Madre mía, y no digas que no puedes ampararme, pues bien sé que eres poderosa y obtienes de tu Dios lo que deseas. Si me dices que no puedes protegerme, dime al menos a quién debo acudir para ser socorrido en mi desgracia y dónde poder refugiarme o en quién pueda más seguro confiar.

Tú, Jesús mío, eres mi padre; y Tú mi madre, María. Amas a los más miserables y los andáis buscando para salvarlos. Yo soy reo del infierno, el más mísero de todos. Pero no tienes necesidad de buscarme; ni siquiera lo pretendo. A vosotros me presento con la esperanza de no verme abandonado.

¡Vedme a vuestros pies, Jesús mío, perdóname! ¡María, Madre mía, socórreme!

"Las Glorias de María"
San Alfonso María de Ligorio


martes, 16 de enero de 2018

LOS FAVORES DE NUESTRA MADRE MARÍA

Ernesto, librado de la muerte por María


Refiere el Belovacense que en la ciudad de Radulfo, en Inglaterra, año 1430, vivía un joven noble llamado Ernesto, quien habiendo distribuido sus bienes entre los pobres entró en un monasterio, donde llevaba una vida tan edificante que los superiores lo apreciaban sobremanera, especialmente por su devoción a la Santísima Virgen. En la población se declaró la peste, y la gente acudió al monasterio pidiendo oraciones. El abad mandó a Ernesto que fuera a rogar a la Virgen ante su Altar y no se levantase de allí hasta que hubiera obtenido una respuesta de la Señora. Allí estuvo el joven tres días hasta que obtuvo la respuesta de María que mandaba hicieran rogativas, celebradas las cuales cesó la peste.

Pero más tarde este joven se enfrió en la devoción a María. El demonio lo atacó con muchas tentaciones impuras y para que se fugara del monasterio. Por no haberse encomendado a María, decidió fugarse saltando los muros del monasterio. Cuando iba a realizar su intento, al pasar junto a una imagen de María que estaba en el claustro, la Madre de Dios le habló, diciéndole: “Hijo mío, ¿por qué me dejas?” Ernesto, confuso y compungido, cayó en tierra y respondió: “Señora, pero, ¿no ves que no puedo resistir más? ¿Por qué no me ayudas?”. La Virgen le respondió: ¿Y tú por qué no me has invocado? Si te hubieras encomendado a mí, no te verías en este estado. De hoy en adelante encomiéndate a mí y no dudes”.

Ernesto volvió a su celda. Pero insistiendo las tentaciones y descuidando el acudir a María, al fin se fugó del monasterio, entregándose a una vida pésima. De pecado en pecado se convirtió en asesino. Tomó en arriendo una posada donde, por la noche, mataba a los pobres viandantes y los despojaba. Una noche mató a un primo del gobernador, el cual, sospechando del ventero, lo procesó y lo condenó a morir en la horca. Antes de que fuera detenido llegó a la hostería un joven caballero. El malvado ventero, según su costumbre, entró a media noche en su habitación para asesinarlo; pero he aquí que en la cama no vio al caballero, sino un crucificado lleno de llagas que, mirándolo piadosamente, le dijo: “¿No te basta, ingrato, con que yo haya muerto una vez por ti? ¿Quieres volver a matarme? ¡Puedes hacerlo!”. El infeliz Ernesto, se postró llorando y dijo: “Señor, aquí me tienes; ya que has tenido conmigo tan gran misericordia, quiero convertirme”. En el mismo instante abandonó la posada y emprendió el camino del claustro para hacer penitencia. Pero por el camino lo prendió la justicia; lo llevaron ante el juez, donde confesó todos sus crímenes. Inmediatamente fue condenado a la horca, sin darle tiempo ni a confesarse. Él se encomendó a María, y la Virgen hizo que cuando lo colgaron no muriese. Ella misma lo bajó de la horca y le dijo: “Torna al monasterio, haz penitencia; y cuando veas en mi mano un documento de perdón de tus pecados, prepárate a la muerte”. Ernesto volvió al convento y, habiendo contado todo al abad, hizo penitencia. Pasados los años, vio en manos de María la cédula del perdón. Se preparó a la muerte y santamente entregó su alma.

"Las Glorias de María"
San Alfonso María de Ligorio