Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres pecadores.

“Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie quien haga un acto de reparación para sacárselas”

sábado, 18 de noviembre de 2017

¿QUIÉN POSEE LA ALEGRÍA DE TENERTE POR MADRE?

¡Oh María!, que te reconociste esclava del Señor. Enséñame a consagrar toda mi vida y mis fuerzas al servicio de Dios 

¡Dios te salve, María, Dios te salve! ¡Oh admirable ave, que ahuyentó a los demonios, libró a los pecadores y recreó a los hijos! El Ángel se congratula contigo, ¡oh Virgen!, el Verbo se encarna en tu seno, y Tú vienes a ser Madre de Dios. Que todas las criaturas te canten incesantemente: ¡Ave!... Te saludamos con toda reverencia, honor y devoción, ¡oh Beatísima Virgen!: pues Tú buscas al que se acerca a Ti con reverencia y devoción. Solamente a éstos amas, nutres y adoptas como hijos. ¡Oh, bienaventurado quien posee la alegría de tenerte por Madre, quien te abraza de corazón y te imita en sus acciones! ¡Feliz quien se esfuerza generosamente por asemejarse en todo a Ti, Madre de Dios! Sólo éste, despreciando todo lo creado, se une verdaderamente a Dios con auténtico amor y, crucificado con Cristo, ansía ardientemente la salvación de las almas.

San Buenaventura


jueves, 16 de noviembre de 2017

MARÍA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

¡Madre Santa de mi Dios!, que sienta yo los latidos de tu Corazón que latió siempre al unísono con el Corazón Divino

Aunque ya desde la eternidad Dios había predestinado a María a ser Madre de su Hijo, no quiso lo fuese inconscientemente, sino que, llegada la hora de realizar su designio, quiso pedir a la Virgen humilde su consentimiento. El mensaje del Ángel revela a María la altísima misión que Dios la ha reservado: “Tú concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús” (S. Lc. 1, 31) María pregunta y el Ángel le explica el misterio de su maternidad, que se obrará sin menoscabo de la virginidad. ¿Qué puede hacer María, sino consentir? No es la primera vez que su voluntad si pierde en la del Señor: desde el principio de su existencia Ella vive en estado de perfecta unión con Dios, cuya característica, precisamente, es la plena conformidad de la voluntad humana con la divina. Por eso María da su consentimiento, dice su “fiat”, con todo el amor de su alma, acepta voluntariamente y voluntariamente se abandona a la acción de Dios. En el mismo instante se realiza el misterio y desde ese momento sublime la Virgen tiene a Dios presente en sí, no sólo espiritualmente, como todas las almas en gracia, sino también físicamente. El Verbo de Dios, dice San Pedro Damiano, está presente en María “por identidad de naturaleza”, porque se ha hecho una cosa con Ella, como el hijo es una sola cosa con la madre. Identidad de naturaleza por la carne y por la sangre, por la vida corporal que María comunica al Hijo; identidad de gracia por la sobreabundancia de vida sobrenatural que el Hijo comunica a la Madre; identidad de afectos, de deseos, de sentimientos, que el Corazón de Jesús imprime en el Corazón de María. Nadie puede decir con tanta realidad como María aquel: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál. 2, 20)

¡Inmenso y maravilloso misterio! Y en el paisaje de este misterio encontramos el “sí” de una humilde criatura humana. Dios ha creado al hombre libre; por eso, aun cuando determina obrar en él alguna maravilla, no quiere hacerla sin su consentimiento. Dios, con su gracia, quiere transformarnos, quiere santificarnos, pero, para cumplir esta obra sublime, espera nuestro “sí”. Que nuestro “sí” sea pleno y total como lo fue el de María y entonces Dios realizará en nosotros su obra.


sábado, 4 de noviembre de 2017

HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES

«iOrad así! Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas»

El Ángel a los Pastorcitos,
en la primera aparición

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jueves, 2 de noviembre de 2017

A NUESTRA MADRE DEL CARMEN POR LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

Por la Misericordia de Dios y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, las almas de los fieles difuntos descansen en paz. Amén.

¡Oh María, Madre de Misericordia!, acuérdate de los hijos que tienes en el Purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo Bendito.


¡Oh Virgen María Dolorosa!, presentadle, con la acerba Pasión de vuestro Hijo, los suspiros, las lágrimas y todas las penas que sufristeis durante su tribulación, para que, por sus méritos, reciban alivio las almas que se encuentran en las ardentísimas llamas del Purgatorio, a fin de que, libres de aquellas cárcel de tormentos, se vean en el cielo revestidas de gloria, y canten allí eternamente las divinas misericordias.  Así sea.









¡Oh Glorioso Patriarca San José!, intercede juntamente con tu Santísima Esposa ante tu Hijo por las almas del Purgatorio. Amén.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

NUESTRA MADRE, REINA DE TODOS LOS SANTOS

Reina de Todos los Santos, Sevilla

¡Salve Reina de Misericordia!, Señora del mundo, Reina del cielo, Virgen de las vírgenes, Sancta Sanctorum, luz de los ciegos, gloria de los justos, perdón de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los lánguidos, salud del orbe, espejo de toda pureza. Haga tu piedad que el mundo conozca y experimente aquella gracia que Tú hallaste ante el Señor, obteniendo con tus santos ruegos perdón para los pecadores, medicina para los enfermos, fortaleza para los pusilánimes, consuelo para los afligidos, auxilio para los que peligran.

Por Ti tengamos acceso fácil a tu Hijo, ¡oh bendita y llena de gracia, madre de la vida y de nuestra salud!, para que por Ti nos reciba el que por Ti se nos dio. Excuse ante tus ojos tu pureza las culpas de nuestra naturaleza corrompida: obténganos tu humildad tan grata a Dios el perdón de nuestra vanidad. Encubra tu inagotable caridad la muchedumbre de nuestros pecados: y tu gloriosa fecundidad nos conceda abundancia de merecimientos.

¡Oh Señora nuestra, Mediadora nuestra, y Abogada nuestra!, reconcílianos con tu Hijo, recomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a tu Hijo.

Haz, ¡oh Bienaventurada!, por la gracia que hallaste ante el Señor, por las prerrogativas que mereciste y por la misericordia que engendraste, que Jesucristo tu Hijo y Señor nuestro, bendito por siempre y sobre todas las cosas, así como por tu medio se dignó hacerse participante de nuestra debilidad y miserias, así nos haga participantes también por tu intercesión de su gloria y felicidad. Así sea.

San Bernardo


martes, 31 de octubre de 2017

A TI MADRE SANTÍSIMA DEL ROSARIO

Hay que predicar a todos, grandes y chicos, que son hijos de María Santísima, que Ella los quiere librar de los peligros del mundo y llevarlos a la Gloria Celestial y que a los que la honran con sus oraciones y con el cumplimiento exacto de su deber, Ella le concederá infinitas gracias y favores.

San Juan Bosco
¿Qué os cuesta, oh María, escucharnos, qué os cuesta salvarnos? ¿Acaso vuestro Hijo divino no puso en vuestras manos los tesoros todos de sus gracias y misericordias? Vos estáis sentada a su lado con corona de Reina, rodeada de gloria inmortal sobre todos los coros de los Ángeles. Vuestro dominio es inmenso en los cielos, y la tierra con todas las criaturas os está sometida. Vuestro poder, ¡oh María!, llega hasta los abismos, puesto que Vos, ciertamente, podéis librarnos de las asechanzas del enemigo infernal. Vos, pues, que sois todopoderosa por gracia, podéis salvarnos; y si Vos no queréis socorrernos por ser hijos ingratos e indignos de vuestra protección, decidnos, a lo menos, a quién debemos acudir para vernos libres de tantos males. ¡Ah!, no: vuestro Corazón de Madre no permitirá que se pierdan vuestros hijos. Ese divino Niño, que descansa sobre vuestras rodillas, y el místico Rosario que lleváis en la mano nos infunden la confianza de ser escuchados, y con tal confianza nos postramos a vuestros pies, nos arrojamos como hijos débiles en los brazos de la más tierna de las madres, y ahora mismo, sí, ahora mismo, esperamos recibir las gracias que pedimos.



Dios te salve, Reina y Madre...


sábado, 28 de octubre de 2017

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

"María es como la Estrella de la mañana en medio de la oscuridad de las nubes, y el curso de su vida brilló como resplandece la luna en la plenitud de su luz. Como el sol, envía también Ella fúlgidos resplandores" 

San Antonio de Padua
¡Salve, María, esperanza de los cristianos! Dignaos escuchar los ruegos de un pecador que os ama con ternura, que os honra particularmente y que cifra en Vos la esperanza de su salvación. A Vos os debo la vida: por Vos he sido restituido a la gracia de vuestro Divino Hijo: Vos sois la más segura prenda de mi eterna felicidad. Libradme, ¡oh Santísima Virgen!, del peso de mis pecados, disipad las tinieblas de mi espíritu, destruid las afecciones terrenales de mi corazón; dadme fuerzas para vencer las tentaciones de mis enemigos, y presidid todas las acciones de mi vida, para que con vuestro amparo y dirección pueda obtener la eterna felicidad del Paraíso. Así sea.


San Juan Damasceno


lunes, 23 de octubre de 2017

domingo, 22 de octubre de 2017

¡EL ROSARIO Y EL ESCAPULARIO SON INSEPARABLES!


Durante la aparición final en Fátima, el 13 de Octubre de 1917, cuando el “Milagro del Sol” ocurrió, Nuestra Señora primero apareció como siempre aparecía ante los pastorcitos con Su Doloroso e Inmaculado Corazón expuesto. Y luego Ella apareció como Nuestra Señora del Carmen con “algo colgando en su mano derecha”. Podemos asumir seriamente que ese “algo” era el Escapulario carmelita.

En 1950 el Padre Howard Rafferty, carmelita, natural de Estados Unidos, le preguntó a Sor Lucía de Fátima: “¿Por qué piensa que Nuestra Señora apareció con el Escapulario en esta última visión?”. A lo cual contestó: “Porque Ella quiere que todos vistan el Escapulario, es la señal de la consagración a su Inmaculado Corazón”.

El Padre Rafferty le pregunta nuevamente: “¿Vestir el Escapulario es tan importante como rezar diariamente el Santo Rosario?”. Sor Lucía responde: “Sí. ¡El Rosario y el Escapulario son inseparables!”.



sábado, 14 de octubre de 2017

A TI MADRE SANTÍSIMA DEL ROSARIO

Mirad, ¡oh Madre!, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean; cuántas calamidades y aflicciones nos agobian
En verdad, ¡Madre nuestra del Rosario!, nosotros, aunque hijos vuestros, con las culpas cometidas hemos vuelto a crucificar en nuestro pecho a Jesús y traspasar vuestro tiernísimo Corazón. Si, lo confesamos, somos merecedores de los más grandes castigos; pero tened presente, ¡oh Madre!, que en la cumbre del Calvario recibisteis las últimas gotas de aquella sangre divina y el postrer testamento del Redentor moribundo; y que aquel testamento de un Dios, sellado con su propia sangre, os constituía en Madre nuestra, Madre de los pecadores. Vos, pues, como Madre nuestra, sois nuestra Abogada y nuestra Esperanza. Y por eso nosotros, llenos de confianza, entre gemidos, levantamos hacia Vos nuestras manos suplicantes y clamamos a grandes voces: ¡Misericordia, oh María, misericordia!

Tened, pues, piedad, ¡oh Madre bondadosa del Rosario!, de nosotros, de nuestras familias, de nuestros parientes; de nuestros amigos, de nuestros difuntos, y, sobre todo, de nuestros enemigos y de tantos que se llaman cristianos y, sin embargo, desgarran el amable Corazón de vuestro Hijo. Piedad también, Señora, piedad, imploramos para las naciones extraviadas, para nuestra querida patria y para el mundo entero, a fin de que se convierta y vuelva arrepentido a vuestro maternal regazo. ¡Misericordia para todos, oh Madre de las misericordias!



Dios te salve, Reina y Madre...


viernes, 13 de octubre de 2017

SEXTA Y ÚLTIMA APARICIÓN - 13 DE OCTUBRE DE 1917

Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido
Sexta Aparición

Sábado, 13 de octubre

Salimos de casa bastante pronto, contando con las demoras del camino. Había gente en masa (70.000 personas), bajo una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese aquel el último día de mi vida, con el corazón traspasado por la incertidumbre de lo que podía ocurrir, quiso acompañarme. Por el camino, las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el barro de los caminos impedía a la gente arrodillarse en actitud de suplicante.

Llegados a Cova de Iría, junto a la encina, llevada de un movimiento interior, pedí al pueblo que cerrasen los paraguas para rezar el rosario. Poco después vimos el reflejo de luz y en seguida a la Virgen sobre la encina.

-¿Qué es lo que usted quiere?
-Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío, soy la Señora del Rosario, que continúen rezando el Rosario todos los días. La guerra está acabándose y los soldados volverán pronto a sus casas.
-Tenía muchas cosas que pedirle: si curaba a unos enfermos, si convertía a unos pecadores, et cétera.
-Unos, sí; otros, no. Es preciso que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados.
Y tomando aspecto más triste dijo:
-Que no ofendan más a Dios Nuestro Señor, que ya está muy ofendido
Y abriendo sus manos las hizo reflejar en el sol, y en cuanto se elevaba continuaba el brillo de su propia luz proyectándose en el sol.

He aquí el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi motivo no era llamar la atención del pueblo, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Fui inducida para ello por un impulso interior.

(Se da entonces el milagro del sol prometido tres meses antes, como prueba de la verdad de las apariciones de Fátima. La lluvia cesa y el sol por tres veces gira sobre sí mismo. Lanzando a todos los lados fajas de luz de varios colores: amarillo, lila, anaranjado y rojo. Parece a cierta altura desprenderse del firmamento y caer sobre la muchedumbre. Al cabo de diez minutos de prodigio toma su estado normal. Entretanto, los pastorcitos eran favorecidos por otras visiones)

Desaparecida Nuestra Señora en la inmensidad del firmamento, vimos al lado del sol a San José con el Niño Jesús y a Nuestra Señora vestida de blanco con un manto azul. San José con el Niño parecía bendecir al mundo, pues hacían con las manos unos gestos en forma de cruz.

Poco después, pasada, esta Aparición, vi a Nuestro Señor y a Nuestra Señora, que me daban sensación de ser la Virgen de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo de la misma forma que San José. Se disipó esta Aparición y me parecía ver todavía a Nuestra Señora en forma semejante a Nuestra Señora del Carmen.


jueves, 12 de octubre de 2017

NUESTRA MADRE DEL PILAR, 2017

Bendita y Alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza

La Reina de los Cielos y Abogada nuestra, no sólo nos ha distinguido entre todas las naciones con su venida a Zaragoza, sino que para perpetuar la memoria de tan singular beneficio, mandó al Apóstol Santiago edificase un templo a nombre de tan gran Señora. El santo Apóstol, vuelve de su éxtasis y de su rapto por el resplandor de su presencia, oye las dulces palabras con que le habla de este modo: Santiago, este es el lugar que yo he elegido: aquí quiere el Omnipotente que dediques un templo, que llevando mi nombre, sea el suyo engrandecido. Este ha de ser mi templo y casa, mi propia herencia y posesión; en él se manifestará la virtud del Altísimo por mi intercesión y mis ruegos a favor de los que pidieren con verdadera fe y piadosa devoción. Aquí se obrarán prodigios, y portentos admirables, especialmente en aquellos que en sus necesidades invocaren mi favor. Mira también ese Pilar, él quedará aquí, y colocada sobre él mi propia Imagen. En testimonio de esta verdad y promesa, estará en este lugar con la fe, hasta el fin del mundo, y nunca faltará en esta Ciudad, quien venere el nombre de Jesucristo, mi Hijo. ¡Qué generosidad! ¡Qué amor el que nos muestra la Santísima Virgen! La Reina del Cielo ha colocado su trono en Zaragoza. Llegaos, hijos de la Iglesia, a este trono de misericordia, pedid con confianza favores y gracias, que esta tierna Madre está empeñada en vuestro bien. ¿Quién jamás la invocó en sus necesidades que no fuera luego socorrido?

Oración

Yo clamo, pues, a Vos, ¡Madre amada!, poderosa sois para librarme de la muerte eterna, como habéis librado a innumerables pecadores, alcanzándoles tiempo de penitencia inspirándoles arrepentimiento de sus culpas. Os ruego con toda la efusión de mi corazón contrito y humillado, que os compadezcáis de este siervo infiel, que restituyáis a la amistad de Dios a este hijo ingrato, que arrepentido clama a Vos. Salvadme, Madre mía, no permitáis que perezca para siempre. Coros celestiales, ensalzad a María, como Reina suprema de los Cielos. Así sea.

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miércoles, 11 de octubre de 2017

MATERNIDAD DE LA MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

Bendita eres por el Señor, ¡oh Virgen!, porque por Ti hemos participado del fruto de la vida

Una Virgen, perteneciente a la estirpe Real de David, es escogida para llevar en su seno, cual Fruto Sagrado, un Hijo que será a la vez Dios y Hombre, y al cual, antes que corporalmente, concebirá espiritualmente. Y para evitar que María, desconocedora de los designios divinos, se espantara al anuncio de un hecho tan extraordinario, un Ángel le manifiesta lo que en ella obrará el Espíritu Santo, y la tranquiliza acerca de su virginidad, que ningún detrimento experimentará con ocasión de su Maternidad Divina. Y efectivamente: ¿Por qué desconfía María ante lo insólito de aquella concepción, cuando se le promete que todo se efectuará por la virtud del Altísimo? Cree María, y su fe se ve corroborada por un milagro ya realizado: la inesperada fecundidad de Isabel, que le ha sido concedida para evidenciar la posibilidad de hacer con la Virgen lo que se ha hecho con una estéril. Así, pues, el Verbo, el Hijo de Dios, que en el principio estaba en Dios, por quien han sido creadas todas las cosas y sin Él cual ninguna cosa ha sido hecha, se hace hombre para librar a los hombres de la muerte eterna.

Descendiendo de la celestial morada, sin abandonar, empero, la gloria del Padre, Nuestro Señor Jesucristo llega a nuestras bajas regiones, acomodándose a un nuevo orden de cosas y viniendo al mundo según un nuevo género de natividad. Acomodándose a un nuevo orden de cosas: porque siendo invisible en su naturaleza, se hace visible en la nuestra; siendo inmenso, se reduce a límites; siendo anterior a los tiempos, empieza a existir en el tiempo. Viene al mundo según un nuevo género de natividad: es concebido, en efecto, por una Virgen y nace de una Virgen, sin concurso carnal paterno ni detrimento de la integridad materna, porque convenía que el futuro Salvador de los hombres asumiera al nacer la substancia humana, pero en forma del todo ajena a las impurezas de nuestra carne: que fuese diferente de nosotros en el origen y semejante en le naturaleza. Esto que nosotros creemos se aparta de lo que acostumbramos a ver. No importa; nada podía impedir al poder Divino el hacer que una Virgen concibiera y que permaneciera virgen en el parto y después del parto.

San León, Papa

En el año mil novecientos treinta y uno se celebró, con general aplauso del orbe católico, un solemne jubileo; quince siglos habían transcurrido desde que, bajo la presidencia del Papa Celestino, los Padres del Concilio de Éfeso habían aclamado Madre de Dios, contra los herejes nestorianos, a la Bienaventurada Virgen María, de la cual nació Jesús. Ahora bien: el Papa Pío XI quiso perpetuar la memoria de tan fausto acontecimiento con un perenne testimonio de su piedad.  En la misma Roma, la proclamación del Concilio de Éfeso había tenido su monumento insigne en el arco triunfal de la Basílica de Santa María la Mayor, en el Esquilino; Sixto III la había adornado, más adelante, con un admirable mosaico que con el tiempo de deterioró; pues bien: Pío XI hizo llevar a cabo, a sus expensas, una feliz restauración de dicho mosaico y del transepto. Publicó, además una Encíclica en que, poniendo de relieve los genuinos puntos de vista del Concilio Ecuménico de Éfeso, trató luminosa y devotamente, y con gran abundancia de doctrina, el inefable privilegio de la Divina Maternidad de la Bienaventurada Virgen María, para que el conocimiento de tan excelso misterio penetrara más profundamente en el espíritu de los fieles. Propuso al mismo tiempo, a María, Madre de Dios, bendita entre todas las mujeres, y a la Santa Familia de Nazaret, a nuestra imitación como los más insignes modelos de dignidad y de santidad en un casto matrimonio y de la piadosa educación que es preciso dar a la juventud. Por último, para que no faltara un monumento litúrgico dispuso que todos los años, el día once de octubre, se celebrase, en la Iglesia Universal, con Misa y Oficio propios y con rito doble de segunda clase, la Fiesta de la Divina Maternidad de la Bienaventurada Virgen María.

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)



sábado, 7 de octubre de 2017

UN POCO DE HISTORIA...

Un gran prodigio apareció en el cielo; una mujer vestida de sol, y la luna debajo de sus pies

Cuando la impía herejía de los Albigenses iba extendiéndose rápidamente por la región de Tolosa, donde arraigaba casa vez más profundamente, Santo Domingo, que acababa de fundar la Orden de Predicadores, se consagró con todas sus fuerzas a extirparla. Para conseguirlo con mayor eficacia imploró con asiduas oraciones el auxilio de la Santísima Virgen, cuyo honor atacaban impúdicamente aquellos herejes, y a quien se ha dado poder para destruir todas las herejías en el mundo entero. Y habiéndole recomendado la Virgen –según atestigua la tradición- que predicara a los pueblos el Rosario, como singular auxilio contra las herejías y los vicios, hízolo con admirable fervor y con gran éxito. Así, pues, a Santo Domingo fue debida en aquellos días la divulgación de aquella fórmula piadosa de plegaria. Y que él hubiese sido quien la instituyó, lo han afirmado con frecuencia los Sumos Pontífices en sus letras apostólicas.

Atan saludable institución hay que atribuir muchísimos favores obtenidos por el pueblo cristiano, entre los cuales es justo mencionar la victoria que el santísimo Pontífice Pío V y los Príncipes Cristianos, enardecidos por sus exhortaciones, obtuvieron en el golfo de Lepanto sobre el poderosísimo tirano Turco. Y en efecto; siendo el día en que se alcanzó esta victoria el mismo en que las cofradías del Santísimo Rosario del mundo entero dirigen a María sus oraciones reglamentarias, a estas plegarias se atribuyó, no sin motivo, aquel triunfo. Así lo reconoció el Papa Gregorio XIII, el cual, para que en memoria de tan señalado beneficio se tributarán perennes acciones de gracias a la Santísima Virgen invocada por los fieles bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, concedió que en todas las iglesias en donde hubiese un altar del Rosario se celebrara perpetuamente un Oficio con rito doble mayor; y otros Pontífices enriquecieron con casi innumerables indulgencias la recitación del Rosario y las Cofradías de este mismo nombre.

Clemente XI estaba íntimamente persuadido de que también debía atribuirse a la eficacia de esta oración la insigne victoria alcanzada en el año mil setecientos dieciséis, en el reino de Hungría, sobre el ejército innumerable de los Turcos, por Carlos VI, Emperador de los Romanos, ya que esta victoria tuvo lugar en el día en que se celebraba la Dedicación de la Virgen de las Nieves, y aproximadamente en la hora en que, habiendo organizado los cofrades del Santísimo Rosario unas solemnes rogativas públicas, con numerosísima concurrencia y grandes muestras de devoción, pedían fervorosamente a los pies del Señor la derrota de los Turcos, e imploraban humildemente el poderoso auxilio de la Virgen Madre de Dios a favor de los cristianos. Atendidas estas circunstancias, Clemente XI creyó que debía piadosamente atribuir a la protección de la Virgen Inmaculada esta victoria, lo propio que el levantamiento del sitio de la isla de Corfú por los Turcos, que ocurrió poco después. Para dejar de este nuevo e importante beneficio perpetua memoria y gratitud, extendió a la Iglesia Universal, con el mismo rito, la Fiesta del Santísimo Rosario. Benedicto XIII mandó consignar todas estas gracias en el Breviario Romano. Y por último, León XIII, en nuestros tiempos tan turbulentos para la Iglesia, y ante el desencadenamiento espantoso de males que desde tanto tiempo nos abruman, no se cansó de excitar vivamente en numerosas Cartas Apostólicas, a todos los fieles del mundo, a la devoción al Rosario de María, recomendándoles en especial que lo rezaran durante el mes de octubre. Elevó, además, esta Fiesta a un grado superior; añadió a las Letanías Lauretanas la invocación: “Reina del Sacratísimo Rosario”, y concedió por último a la Iglesia Universal un Oficio propio para la misma Solemnidad.

Honremos, pues, sin cesar a la Santísima Madre de Dios con esta devoción que tanto le place; y ella que tantas veces, al ser invocada con confianza por los fieles de Cristo mediante el Rosario, nos ha conseguido ver humillados y anonadados a nuestros enemigos de la tierra, nos obtendrá asimismo el triunfo sobre los del infierno.

Del Oficio de Maitines,
del “Breviario Romano”
(Gubianas-1940)


HOY ES PRIMER SÁBADO DE MES



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domingo, 1 de octubre de 2017

A TI MADRE SANTÍSIMA DEL ROSARIO

¡Dios te Salve María, Reina del Santo Rosario! ¡María, Madre mía, Salve!, a tus pies humildemente postrado me hallo para ofrendarte una corona de Rosas
¡Oh Augusta Reina de las Victorias, oh Virgen Soberana del Paraíso!, cuyo nombre poderoso alegra los cielos y hace temblar de terror a los abismos. ¡Oh gloriosa Reina del Santísimo Rosario!, nosotros, los venturosos hijos vuestros, postrados a vuestras plantas, derramamos entre lágrimas los afectos de nuestro corazón, y con la confianza de hijos os manifestamos nuestras necesidades.

Desde ese Trono de Clemencia donde os sentáis como Reina, volved, ¡oh María!, vuestros ojos misericordiosos a nosotros; a nuestras familias, a nuestra nación, a la Iglesia Católica, al mundo todo, y apiadaos de las penas y amarguras que nos afligen. Mirad, ¡oh Madre!, cuántos peligros para el alma y cuerpo nos rodean; cuántas calamidades y aflicciones nos agobian. Detened el brazo de la justicia de vuestro Hijo ofendido, y con vuestra bondad subyugad el corazón de los pecadores, pues ellos son nuestros hermanos e hijos vuestros, que al dulce Jesús costaron su Sangre Divina y a vuestro sensibilísimo Corazón indecibles dolores. Mostraos hoy para con todos Reina verdadera de paz y de perdón. Así sea


Dios te salve, Reina y Madre...


sábado, 30 de septiembre de 2017

A TI MADRE SANTÍSIMA DE LOS DOLORES

Concédeme, ¡oh Reina de los Mártires!, vivir en la cruz con paciencia, morir en la cruz con esperanza y reinar por la cruz con gloria
¡Oh Virgen Dolorosa!, por el dolor que sufriste cuando perdiste a tu Hijo en Jerusalén y estuviste tres días buscándole, te suplico que nunca yo le pierda por el pecado y que, si le pierdo, le busque con arrepentimiento, y buscándole, le halle con la sincera confesión en el templo y le conserve con verdadera religión.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

ORACIONES DE LOS SANTOS A NUESTRA MADRE MARÍA

¡Oh Inmaculada Virgen y Madre de Dios, Reina y Señora de la gracia! Dignaos por caridad dar una compasiva mirada a este mundo perdido

¡Oh, Virgen Purísima y sin tacha! ¡Oh María, Madre de Dios, Reina del universo!, vuestro poder excede al de todos los Santos, sois la Esperanza de los elegidos y la alegría de los bienaventurados. Vos nos habéis reconciliado con Dios, Vos sois la única Abogada de los pecadores y el puerto seguro de los náufragos. Vos sois el consuelo del mundo, la libertad de los cautivos, la salud de los enfermos, la alegría de los afligidos y la salvación de todos. A Vos, ¡oh María! recurrimos. De Vos lo esperamos todo y os suplicamos que tengáis piedad de nosotros. Amén.


San Efrén


lunes, 25 de septiembre de 2017

A TI MADRE SANTÍSIMA DE LOS DOLORES

¡Oh Madre mía!, al pie de la Cruz de tu Hijo, viva siempre y muera contigo, redimido y santificado por la Sangre Preciosísima de Nuestro Redentor

Mater Dolorosa, Murillo
¡Oh Virgen Dolorosa!, por el dolor que tuviste cuando el soberbio y ambicioso Herodes quiso dar muerte a tu Hijo, que venía a darnos vida, líbrame de toda ambición y soberbia y haz que, en vez de arrojar de mi lado a tu Hijo, le llame a mí, y, pospuestos todos mis intereses, le haga reinar sobre mí, siendo yo su vasallo fiel y obediente, para reinar con Él en la gloria.


viernes, 15 de septiembre de 2017

SOLEDAD DE MARÍA

Haz tú esta piadosísima meditación con María, vete con Ella quitando aquellas espinas una a una, con mucho cuidado, como si aún sufriera con ellas Jesús
Jesús muerto en los brazos de su Madre.- Imagínate aquel cuadro. Pendiente de la Cruz el cadáver de Cristo, lleno de largos manchones de sangre cuajada, cubierto de heridas, materialmente deshecho, sin belleza ni hermosura, ni casi figura humana; labios exangües, ojos sin vida; aquello no es más que eso, ¡un cadáver! Y es el ¡Hijo de Dios!, ¡qué misterio!

A los pies de la Cruz, un grupo de almas buenas, llora sin cesar. Grande, muy grande es su dolor, pero ¿cómo compararlo con el de aquella Madre que llora la pérdida de su Hijo? ¡Pobre Madre! ¿Qué va a hacer ahora sin su Hijo? Quizás, en medio del dolor, comenzó a preocuparla la sepultura de su Hijo, pero ¿cómo y dónde?, ¿si Ella no tenía sepultura, ni medios para comprarla?, ¿si sus amigos se habían ocultado unos y otros se habían hecho enemigos? ¿A dónde acudir? ¿Quién bajará a su Jesús de la Cruz? ¡Qué consuelo en medio de su pena, cuando ve a aquellos santos varones que van a cumplir este piadoso oficio! ¡Qué agradecimiento no guardará Ella en su Corazón!

Y, efectivamente, con gran cuidado le bajan de la Cruz y depositan el Santo Cuerpo, en brazos de María. Póstrate en espíritu junto a esa Madre y medita con Ella, porque ¿qué meditación haría la Virgen entonces? ¿Cómo iría recordando ante la vista de aquel Cuerpo, todos y cada uno de los tormentos de la Pasión? Ahora recordó todo lo pasado, las escenas de Belén, los idilios de Nazaret, los días felices en que Ella cuidaba de su Hijo, como ninguna madre lo ha podido hacer.

Ahora entendió de una vez, lo que significa la espada de Simeón, que toda la vida llevó atravesada en su Corazón. Ahora comprendió lo que era ser Madre nuestra. ¡Madre de los pecadores!, que así habían puesto a su Hijo. Y ¿a esos precisamente iba Ella a amar? ¿A esos querer como a hijos, cuando así habían hecho sufrir a su Jesús? ¡Oh, qué dolorosa maternidad! Y, sin embargo, besando, una a una aquellas heridas, iría repitiendo: “Soy la esclava del Señor, hágase en mí tu Divina voluntad”


Haz tú esta piadosísima meditación con María, vete con Ella quitando aquellas espinas una a una, con mucho cuidado, como si aún sufriera con ellas Jesús. Limpia aquellos ojos y aquel rostro afeado con tantas salivas y sangre, toca aquellas manos y pies agujereados y besa, besa aquel costado abierto y no apartes tus ojos de aquel corazón que se ve por la herida, sin vida, sin latir, sin movimiento, pero no sin amor y en cada herida, recuerda tus pecados y mira lo que has hecho con ellos. 


miércoles, 13 de septiembre de 2017

QUINTA APARICIÓN - 13 DE SEPTIEMBRE DE 1917

Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre  vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiero que durmáis con la cuerda puesta; llevadla sólo durante el día

Quinta Aparición

Jueves, 13 de septiembre

Al aproximarse la hora fui a Cova de Iría con Jacinta y Francisco entre numerosas personas (unas treinta mil) que nos dejaban andar con dificultad. Los caminos estaban apiñados de gente; todos nos querían ver y hablar, allí no había respetos humanos. Mucha gente del pueblo, y hasta señoras  y caballeros, consiguiendo romper por entre la muchedumbre que alrededor nuestro se agolpaba, venían a postrarse de hinojos delante de nosotros pidiendo que presentásemos sus necesidades a Nuestra Señora. Otros, no consiguiendo llegar junto a nosotros, clamaban de lejos. Uno de ellos:

-¡Por el amor de Dios, pidan a Nuestra Señora que me cure a mi hijo, que está impedido!
Otro:
-Que me cure el mío, que es ciego.
Otro:
-El mío, que es sordo.
-Que me traiga a mi marido o mi hijo, que están en la guerra; que convierta a un pecador, que me dé salud, que estoy tuberculoso,  et cétera.

Allí aparecían todas las miserias de la pobre humanidad y algunos gritaban subidos a los árboles y a las tapias con el fin de vernos pasar. Diciendo a unos que sí, dando la mano a otros para ayudarles a levantarse del polvo de la tierra allá íbamos abriendo camino entre la muchedumbre. Ahora cuando leo estas escenas encantadoras del Nuevo Testamento, del paso de Nuestro Señor por Palestina, pienso en nuestros pobres caminos y sendas de Ajustrel, Fátima y Cova de Iría, y doy gracias a Dios ofreciéndole la fe de nuestra buena gente portuguesa. Y pienso si ellos podían humillarse como lo hicieron ante tres pobres niños, sólo porque eran agraciados de hablar a la Madre de Dios, ¿qué no harían si pudieran ver a Nuestros Señor mismo en persona delante de ellos?

Bien, esto no tiene que ver con la materia, era una distracción de mi pluma que me llevaba a parte donde yo no quería una inútil divagación. No lo arranco para no estropear el cuaderno.

Por fin llegamos a Cova de Iría y al alcanzar la encina comenzamos a decir el rosario con la gente. Un poco más tarde vimos el reflejo de luz a acto seguido, sobre la encina, a Nuestra Señora, que dijo:

-Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre  vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen, San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no quiero que durmáis con la cuerda puesta; llevadla sólo durante el día.
-Me han pedido para suplicarle muchas cosas: la curación de algunos enfermos, de un sordomudo, et cétera.
-Sí, a algunos los curaré, pero a otros no. En octubre haré el milagro para que todos crean.
Y comenzó a elevarse, desapareciendo como de costumbre.

(Los niños tomaron muy a pecho las palabras de la Virgen en agosto, que pedía sacrificios por los pecadores. Uno de los sacrificios más dolorosos era el de la cuerda que cada uno de ellos llevaba atada a la cintura. Tanto las hacía sufrir, que Jacinta a veces hasta lloraba con la violencia del dolor. La Virgen las dijo con solicitud maternal que de noche no usaran la cuerda para poder disfrutar del reposo necesario. Otros sacrificios eran no comer la merienda, que preparaban entre los pobres. Dejaban los higos y las uvas. “Teníamos lo costumbre de ofrecer de vez en cuando el sacrificio de pasar una novena o un mes sin beber. Hicimos una vez este sacrificio en pleno de agosto, en que el calor era sofocante” Mayores todavía eran los sacrificios que les exigía la misión que la Virgen les encomendara: las vejaciones, la curiosidad y molestias de la gente, sus interminables visitas y preguntas, la persecución y la prisión, y por fin la larga enfermedad de Francisco y, sobre todo, de Jacinta a la cual varias veces visitó la Virgen, previniéndola que moriría solita, después de sufrir mucho)


martes, 12 de septiembre de 2017

NOMBRE DE ESPERANZA

“Que el nombre de María fue sacado desde la eternidad de los tesoros mismos de la Divinidad, cuando en el Cielo fue decretada la Redención mediante la Encarnación del Verbo”

Deduce de aquí cómo debemos de respetar y venerar este Santísimo Nombre y cómo después del nombre de Jesús no hay otro ni más santo, ni más dulce, ni más útil, para nosotros, que el nombre de María. Si el nombre de Jesús es santificador, también santifica el nombre de María si sabemos pronunciarlo con todo el respeto y amor que se merece. He aquí por qué después del nombre de Dios y el de Jesús, es el más popular de todos. Las madres lo enseñan a sus hijos, los enfermos y atribulados así la llaman, los moribundos, de este modo la invocan.


¡Cuántas iglesias! ¡Cuántas ermitas en todo el mundo levantadas en honor del nombre de María! ¡Cuántos pecadores solo con esta invocación se han convertido! ¡Cuántos milagros efectuados con la invocación del nombre de María! No hay nada más dulce a las almas santas, ni más provechoso a las pecadoras, que juntar esos dos nombres benditos de Jesús y María y pronunciarlos e invocarlos muy a menudo para acostumbrase a sacar de ellos la inmensa utilidad que su frecuente repetición lleva a las almas. ¿Lo haces así tú? ¿Te has preocupado de estudiar la importancia y la grandeza divina de este Santísimo nombre? ¿Lo dices muchas veces con verdadero fervor, especialmente en las tentaciones, dificultades, contrariedades y penas de la vida? ¿Lo tienes sobre todo bien grabado en el fondo de tu corazón?



viernes, 8 de septiembre de 2017

8 DE SEPTIEMBRE, NACIMIENTO DE NUESTRA SANTA ESPERANZA

La Natividad de la Santísima Virgen María constituye un motivo de alegría universal para la tierra y para el Cielo. En su nacimiento se alegraron Dios, los Ángeles, los Santos y la Iglesia toda

El nacimiento de la Santísima Virgen María, la Mujer predestinada para ser Madre de Dios aparece sobre la tierra con su alma Santa e Inmaculada, con la misma Pureza y Santidad con que salió de las manos de Dios. Y su vida terrena es vida de gracia, no es una vida celestial sino verdaderamente divina. Por eso, la Iglesia, la celebra y a todos nos invita a celebrarla con estas palabras: “Con alegría grande celebramos la Natividad de la Santísima Virgen María, pues su nacimiento ha llenado de gozo el universo mundo”.

Alégrate y corre a felicitar a tu Madre querida, la única que merece ser felicitada en su nacimiento, la única que trae con su vida terrena el germen de la vida de la gracia para sí y para todos los demás.

Es la obra maestra de las manos de Dios. Al ver el Señor, dice el Génesis, las cosas que había creado, le parecieron muy buenas y se gozó en ellas. ¡Cómo, pues, se gozaría al ver a María! Penetra aún más en este pensamiento. Recuerda cómo el hombre pecó y con su pecado toda la creación, y el plan de Dios se trastornó. Ya no podía el Señor mirar con gusto a la tierra; no tenía donde posar sus ojos. Por todas partes se había extendido el reino del pecado.

Pero aparece María y todo cambia. Después de cuatro mil años vuelve Dios a ver hermosa la creación, la tierra los hombres. Ya no se aparta su vista de ellos, con asco y repugnancia. Otra vez ve su imagen perfecta y pura en María y por María contempla restaurada esa imagen en los demás. ¡Qué gozo el de Dios al ver a María en su nacimiento! ¡Qué alegría al contemplarla tan Pura, tan Santa, tan llena de Gracia!